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San Rafael y el Padre Roelas

San Rafael Hoy, día 24 de octubre, amigo lector, es un día distinto. Hoy celebramos una gran fiesta. San Rafael. Ángel en el Antiguo Testamento y Arcángel en el Nuevo Testamento. Y aquí, en Córdoba, nuestro Custodio y Protector. Quien ha de custodiarnos, protegernos y guiarnos si se lo pedimos, invocamos y nos lo merecemos.

 

Hoy, amigo cordobés, déjate guiar por Él. Como guió a Tobías, en esas escenas tan bellas que nos relata el autor anónimo del Libro de Tobías, allá por el siglo III antes de Cristo. Recuerda conmigo hoy, amable lector, lo que sucedió.

Tobit, el padre de Tobías, había quedado ciego y el Señor de Israel mandó al Ángel Rafael para que se presentara ante éste y preparara el viaje en dirección a la ciudad de Media donde pudiera curar al padre.

Y partieron Tobías y el Ángel, acompañados de un perro. Fueron caminando y cuando llegó la primera noche, acamparon junto al río Tigris. Y el autor del Libro de Tobías nos dice:«... Bajó el muchacho a lavarse los pies en el río y, de pronto, salió del agua un gran pez que intentaba devorar su pie. Entonces, el muchacho agarró el pez y lo sacó a tierra. El Ángel le dijo: “Abre el pez, sácale la hiel, el corazón y el hígado y guárdatelo; pero tira las tripas. Su hiel, su corazón y su hígado son una medicina excelente”. El joven abrió el pez, sacó la hiel, el corazón y el hígado. Asó una parte del pez, se la comió y saló el resto.

Después, continuaron su camino juntos hasta cerca de Media. Entonces, el muchacho preguntó al Ángel: “Hermano Azarías, ¿qué utilidad medicinal tiene el corazón, el hígado y la hiel del pez?” Él le dijo: “El corazón y el hígado del pez sirven para quemarlos ante un hombre o una mujer atormentados por el demonio o por un mal espíritu. Desaparecerá así de esa persona todo tormento y nuca volverá a él. La hiel se unje en los ojos de una persona que tenga manchas blancas en los ojos y quedarán curados...”». (Tob. 3, 8, 10, 15; 4, 12-13).

El libro sigue relatando después todas las andanzas de la familia de Tobías, aunque la presentación del mismo era dar a conocer al amable lector a un Ángel que transformaremos en nuestro Arcángel San Rafael, quien en todas sus representaciones iconográficas vamos a ver ya con el símbolo del pez milagroso y sus virtudes medicinales y, sobre todo, curativas.

ORIGEN HISTÓRICO Y DEVOCIONAL AL CUSTODIO

Tras la Reconquista y Cristianización llevada a cabo en Córdoba por Femando III, por las Órdenes franciscanas, dominical trinitarios y mercedarios, nuestro Ángel va a ser llamado ya «Protector», desde el momento en el que se aparece en ese siglo XII al venerable Simón de Sousa, con lo cual entra ya en la escena histórica de esa ciudad.

Con anterioridad y desde época mozarábiga, Córdoba había| sido siempre muy devota de las reliquias de distintos mártires que durante el dominio islámico se habían ocultado. Sin embargo, en el mes de noviembre de 1575 unas obras de restauración llevadas a cabo en la parroquia de San Pedro pusieron al descubierto una cámara sepulcral con los restos de Fausto, Januario, Marcial, Perfecto, Argimiro, Cristóbal Leovigildo, Sisenando y así hasta 18 cuerpos en total. Dado cuenta de ese hallazgo al obispo Bernardo de Fresneda, éste emitió un comunicado de inmediato al Rey Felipe n, quien mandó a su cronista Ambrosio de Morales para que se informase cumplidamente del descubrimiento. Será entonces cuando entre en escena otro personaje importante que tendrá que ver con nuestro San Rafael.

Es el venerado y bienaventurado Padre Roelas, nacido en 1525, muy devoto de los Mártires, cuyas heroicas virtudes había leído en el Romancero de Herrera y otros libros. Algo enfermo, una noche, encomendándose a ellos, oyó una voz que le dijo: «Sal al campo y sanarás».

Eso hizo y cuando salió al campo en esa época, hoy muy cerca de los Padres de Gracia, según nos informa Ramírez de Are- llano en sus Paseos por Córdoba, «allí estaba, cuando sintió ruido de caballos y, alzando la cabeza, vio cinco Caballeros lujosamente ataviados, uno de los cuales, que más se le acercó, lo saludó con las palabras de costumbre «Deo Gratia»; respondió cortésmente y aquél continuó diciéndole que viera al Obispo o quien! hiciese sus veces y le manifestase que los huesos encontrados' en la Parroquia de San Pedro eran, efectivamente, de los Mártires de Córdoba: que los tuvieran en gran veneración porque vendrían a esta ciudad grandes epidemias e intercederían para aplacar la justa ira del Cielo...».

Y a pesar de esto, el Padre Roelas no hizo mucho caso a los cinco caballeros, por lo cual, ya bastante enfermo volvió a encomendarse una vez más a los Mártires y fue entonces, el día 7 de mayo de 1578 cuando nuestro Arcángel se le apareció para confirmarle la autenticidad de los Mártires, haciéndole saber que necesitaría del pueblo de Córdoba, representaciones de sus imágenes para que, con su rostro, los aires de las pestes no anidasen en ellas.

Muy sorprendido, el Padre Roelas le preguntó: « ¿Y tú quién eres?» Él respondió: « ¡Yo te juro por Jesucristo crucificado que soy Rafael, Arcángel a quien tiene Dios puesto por Guarda en esta ciudad!»