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No es judería todo lo que reluce

Vamos a dar una vuelta por la Judería! Esta es una expresión errónea que frecuentemente utilizamos los cordobeses. Y es incorrecta porque realmente no queremos decir que vayamos a la Judería strictu sensu, es decir, a aquel histórico emplazamiento donde moraban los judíos hace siglos, sino que nuestra intención, en esos casos, es la de desplazarnos al interior de nuestro extensísimo y bello Casco Histórico, sea o no Judería.
A diario, muchas son las personas implicadas en el turismo cultural, gente muy cualificada que, como los guías de APIT, y otras empresas y profesionales, están sabiendo reaccionar ante los efectos negativos que causa un turismo masivo y poco respetuoso. Por ello, en los últimos tiempos, los agentes tratan de rebasar los límites o fronteras históricas del Turismo de Córdoba, esto es, las fronteras de la mal llamada Judería, que se hizo sinónima incorrectamente de un pequeño grupo de calles limítrofes con la Mezquita- Catedral, formaran parte o no de la Judería histórica. Y es que

para el turismo cultural, así como para la hostelería, todo el Casco Histórico es válido, como ya es un hecho demostrado. Son muchos los empresarios que han dado ejemplo en este sentido, traspasando aquella anquilosada y rigurosa frontera que existía en Córdoba. Nosotros mismos, con la apertura de la Casa de las Cabezas hemos querido contribuir a ese ensanche del turismo cultural; y mucha alegría me da ver cómo el empresario pierde el miedo a transgredir los límites geográficos impuestos. Valga como ejemplo el hotel Medinat, en la misma calle Cabezas; el hotel El Posadero, en la calleja de este nombre, el hotel Viento 10, en la calle Ronquillo Briceño o, finalmente, propuestas tan novedosas como el Festival de las Callejas de Córdoba. Hay que perder el miedo a alejarse de nuestro más insigne monumento pues, cuando las propuestas van cargadas de altas dosis de cultura, entretenimiento y mucha entrega, el Casco siempre nos va a responder. De paso, con esta transgresión, se ayudaría a descongestionar la Judería, descontaminarla visualmente y buscar que vuelva un poco a su antiguo ser, porque, sinceramente, hoy yo no lo encuentro.
Pero hagamos ahora un poco de historia. Lo que antaño fue Judería es sólo una mínima parte de lo que erróneamente muchos llaman así. Al menos desde la conquista cristiana de Córdoba en 1236, la Judería, que era el barrio habitado por los judíos, ocupaba una pequeña superficie de terreno situada en el ángulo suroccidental del barrio de Santa María o de la Catedral. La Judería permanecía aislada con murallas, y a su recinto se accedía a través de dos puertas: la llamada Puerta de la Judería, situada al inicio de la calle Manríquez, y el arquillo de Malburguete que, en mi opinión, pudo estar en las cercanías de la calleja de San Bartolomé. Tras el asalto que sufrió en 1391, la Judería desapareció como tal y su espacio fue remplazado por otro barrio o collación cristiana de nombre San Bartolomé. Desde entonces, algunos judíos siguieron morando en su antiguo barrio, otros, por el contrario, emigraron a distintas ciudades o se dispersaron por el resto de Córdoba, muchos de ellos convertidos ya al cristianismo.
De aquella Judería conservamos, aparte de sus calles principales, como la calle Judíos o Manríquez, una serie de callejas- barrera o sin salida que antaño conducían a las moradas de los judíos. Son la calleja del Escudo, que hoy da acceso al restaurante Casa Mazal; la de los Armenta, que deslinda el hotel NH por el norte; la que da acceso al Zoco municipal y, por último, la calleja del Arco, hoy rebautizada como del Salmorejo cordobés, muy a mi pesar. De cualquier forma, éstas son una mínima parte de las que existieron hace siglos, y que no han llegado a nuestros días por diversos factores, entre ellos, indirectamente, por la Inquisición, y me explico. Tras erigirse el Tribunal del Santo Oficio en Córdoba en 1482, fueron muchas las casas que se confiscaron a los conversos judaizantes, y en esta desgracia, otros tantos propietarios colindantes vieron la oportunidad de aumentar su patrimonio y crear grandes mayorazgos urbanos, agrupando las confiscadas a las viviendas que previamente tenían en aquel barrio. En otras ocasiones, fue el mismo fisco quien directamente había realizado la agrupación, incluyendo, en un solo lote a subastar, diversas casas distintas en origen. A título de ejemplo, Fray Hernán de Talavera, confesor de Isabel la Católica, era propietario de una gran casa palacio constituida por 5 casas independientes, que fueron arrebatadas a judeoconversos declarados herejes y quemados por la Inquisición. Pues bien, en aquel masivo proceso de agrupación que se lleva a cabo en la Córdoba de finales de 1400, quedaron soterradas y en manos privadas muchas callejas y plazuelas que un día sirvieron al vecindario.
Pese a todo, creo que aún es posible rescatar del olvido algo del entramado medieval, estudiando, desde esta perspectiva, casas principales tan emblemáticas como la de las Pavas, la de los Manríquez, la del marqués de la Motilla o la del Arcediano.

* Notario y director de Casa de las Cabezas