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CORDOBA: CAPITAL CULTURAL DE EUROPA EN 1992 (Parte 5)

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CORDOBA: CAPITAL CULTURAL DE EUROPA EN 1992 (Parte 5)
Córdoba Mozárabe
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Calle de las flores En este nuevo artículo, tratando de demostrar, mucho más profundamente aún, las razones por las que, la Administración Central debería de conceder la titularidad a Córdoba de la Capital Cultural de Europa en 1992, hemos de matizar el punto final anterior que trataba de la Córdoba visigoda, en un intento de clarificar en esta época, no sólo su desarrollo político al que nos referíamos en el anterior escrito, sino, las razones socio-culturales de esas tres etapas mencionadas arriana-bizantina-cristiana y que nos permitirán, muchísimo mejor, tomadas en conjunto, comprender el fenómeno mozarábigo.


En esta época visigótica cordobesa, es decir entre finales del siglo V y comienzos del siglo VIII, época en la que se contempla, en principio, la desintegración y descomposición del Imperio Romano, al mismo tiempo que una lenta degradación de la Cultura Romana en general, se va a ir formando a lo ancho y a lo largo de la antigua Bética, una determinada cultura clerical en función de un Cristianismo y religión perfectamente asentados ya. Esta cultura, en manos sobre todo de los clérigos, auténticos intérpretes del saber, desarrollará sobre todo, las reglas gramaticales, cuya ciencia será la más cultivada entre los escolásticos de la Alta Edad Media, al mismo tiempo que, se cultiva la retórica que sigue siendo aún hoy el arte de hablar bien.


Este clero que, constituye la Historia de la Iglesia hispano-visigoda, que es el mejor formado de toda la Europa «bárbara», se caracteriza por tres aspectos distintos:

1º Integración de los germanos al mundo católico hispano-romano.

2º Organización Eclesial después de la consolidación del dominio visigodo, por lo que se formará la Iglesia Nacional que será la Mozárabe.

3º Formación del Monacato hispano-visigótico-cristiano.


En el punto de la integración hay que hacer constar que cuando los visigodos llegan a la Bética, esta provincia romana de Hispania, era una de las más romanizadas y cristianizadas de Occidente por influencias y costumbres procedentes del N. de África y del Mundo Británico totalmente cristianizado.


En el de la Organización Eclesial hemos de decir que durante todo el siglo VI y VII no hay en Occidente una Iglesia Latina formada en torno al primado romano como el que hay hoy. Tampoco existía en esa época una organización jerárquica, por lo que el Papa tenía simplemente un primado doctrinal y no político, por lo cual las distintas iglesias se organizarán con autonomía total de Roma. Así, la Iglesia Hispánica se organizará independientemente porque la sede romana estaba lejos y en manos del Imperio Bizantino, formándose fundamentalmente con sus leyes y cánones, autónomamente.


Esta estructura estará organizada en torno a una serie de células cuya cabeza más importante como ya veíamos en el artículo anterior era el obispo. Las Iglesias episcopales estaban agrupadas por provincias y cada provincia eclesiástica correspondía a los antiguos límites administrativos romanos de la provincia.


En el tercer, punto, es decir en el de la Formación del Monacato hispano-visigótico-cristiano hay que hacer constar que era en Toledo donde residía el Obispo, al que se le conocía como el «metropolitano», sobre el cual no había ninguna autoridad superior.


En la designación de obispos se distinguían tres fases:

a) Elección del candidato por el clero, y por el pueblo de una diócesis reunido en asambleas.
b) Ponsagración de los obispos por mediación de tres obispos coprovinciales.
c) Presentación del mismo ante el «metropolitano» al que daría instrucciones con lo que se daría a este hecho un fuerte sentido político.

A partir del siglo VII, sobre todo, desde la coronación de Wamba serán los monarcas los que intervendrán en la elección de los obispos organizándose la Iglesia Hispánica en torno a los Concilios bien nacionales o provinciales, cada uno de los cuales regulaba su propia liturgia que no llegarán a unificarse hasta el siglo XI con la liturgia Mozárabe.

 



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Luis Recio

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