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"Julio Romero de Torres es un pintor como el cante que tanto amó: jondo"

EL martes reabrirá de nuevo sus puertas el Museo Julio Romero de Torres después de una profunda reforma que ha mejorado el continente y ha dado sentido al contenido. El visitante que a partir de ahora llegue al edificio de la plaza del Potro se encontrará con un recinto más acogedor que potencia las obras del pintor más universal de Córdoba. La directora de los Museos Municipales, Mercedes Valverde, ha cuidado cada uno de los detalles para lograr que este recinto entre de pleno en el siglo XXI.

-¿Qué se ha pretendido con esta reforma?
-Hay que tener en cuenta dos conceptos fundamentales y diferentes: el continente y el contenido. El museo necesitaba una restauración en profundidad en estos dos conceptos. Los proyectos acogidos en 2010 a los fondos anticrisis del Estado, el proyecto de iluminación, ha obligado a una transformación en el edificio para poner un sistema de led que es pionero en un museo en España y se ha hecho una reforma  grandísima en las terrazas para cerrar las lucernas de luz natural que tenían un apoyo de tubos fluorescentes de cuarto de baño, para darle total opacidad y lograr los tres sistemas de iluminación. De ellos, el fundamental es la iluminación puntual de cada cuadro, porque algunos, por sus grandes dimensiones, han necesitado dos tres o cuatro focos. El museo se ha adaptado también a los discapacitados, lo que ha conllevado una reforma de todas sus estructuras, porque un edificio de 1752, reformado en 1931 y ampliado en 1936, necesitaba la instalación de un ascensor, por lo que ha habido que modificar completamente dos salas. Esto nos ha dado la oportunidad de hacer un pequeño almacén para los cuadros pendientes de restauración o los que no se han podido exhibir.
-¿Cómo es el proyecto museológico?
-El nuevo proyecto museológico se ha adaptado a estos dos proyectos anteriores. Desde hace muchos años buscaba una adaptación temática, pero con carácter didáctico, porque al lado de Alegrías no se podía poner La chiquita piconera. La importancia de esto es la mejor comprensión del pintor. Hasta ahora era inconcebible un Julio Romero espiritual, pero él fue un pintor cuyo fondo siempre está basado en la espiritualidad, porque aborda materias sagradas y del Nuevo Testamento. La obra que tenemos en el museo ha dado lugar a reunirla en una sala que la hemos llamado La Capilla, con las cuatro columnas que Julio tenía en su estudio de Madrid en el Palacio Longoria. Al salir de ella nos encontramos con Cante Hondo, la obra que motivó su producción, porque él decía que sus obras son cantes. No sólo interpreta los palos del flamenco sino que pinta las cantaoras, bailaoras, intérpretes y se convierte en cronista gráfico de una época del espectáculo. Tras este espacio  pasamos a Semblanzas, una sala donde se reúne un exponente de la gran faceta del Romero de Torres retratista. Siempre hace un retrato, porque pinta a su hermana, a su hija, a su sobrina, a sus modelos; en realidad, su faceta es eminentemente retratística porque hizo más de 400 retratos. Por último, la sala de gran importancia es la que hemos llamado El espíritu de Córdoba. Aquí, la obra reunida es lo que siempre motivó a Julio. Estaba en Madrid desde 1908, con pocas estancias en Córdoba, y tenía nostalgia de su ciudad, de sus calles, de sus plazas, de sus casas solarieras, del Guadalquivir. Siempre está Córdoba en sus fondos.
-¿Qué impresión se va a llevar a partir de ahora el visitante?
-Siempre digo que si puedo contagiar el 10% de la entrega, del trabajo y de la ilusión que he puesto en este museo me quedo satisfecha.
-¿Con quién se relacionaba el pintor en Madrid?
-Tuvo mucha suerte. En aquel entonces había allí cordobeses como Sánchez Guerra, presidente del Consejo de Ministros; Barroso y Castillo, ministro; Muñoz-Cobo, también ministro. También estaba su gran amigo Cristóbal de Castro, que se dedicó media vida a promocionar a Julio Romero. En realidad tuvo mucha suerte, porque personajes cordobeses de la política y de la aristocracia le estuvieron ayudando constantemente. Fueron gente de un peso importante en la política durante muchos años. Sus amigos fueron muy amigos.
-Pero en medio de ese ambiente él consigue hacer una obra muy popular. ¿Cuáles fueron sus claves?
-Claro. Cuando me dicen que Romero de Torres hizo calendarios les recuerdo que también los hicieron Sorolla o Zuloaga. El secreto de Julio Romero es que consigue transmitir emoción. Con la pintura moderna me quedo fría, pero cuando me pongo delante de alguno de estos cuadros me transmite emoción. Si además hay un discurso expositivo que te explica cuál es el motivo de esa emoción, pues mejor. Creo que es el único pintor en el mundo que ha sabido interpretar plásticamente el sentimiento de un cante. Para interpretar los valses de Strauss no hay que pintar a una señora bailando un vals, sino poner el espíritu. Es una pintura literaria, narrativa, pero cargada de emoción.
-Pero esa emoción la hace universal.
-Eso de que el pueblo haga suyo al pintor es algo que se ha dado muy pocas veces en la historia. Muchas veces digo que pagarle derechos de autor porque nos ha dado la fisonomía de la mujer andaluza.
-¿Pero ahí también nació un tópico?
-¿Qué tópico? Muchas veces me cuestiono qué es lo que le ha hecho daño. ¿El ser popular? No, porque es conocido porque su pintura transmite y llega, y está fundamentada en una narración. Lo que digo es que es un pintor jondo, como el arte que transmite.
-¿El nuevo discurso expositivo se viene a sumar a la revindicación de la obra a través de las exposiciones sobre su obra o la revalorización de las mismas en las subastas?
-Las subastas no tienen más que una clave: certificar que esa obra es auténtica. En cuanto salgan dos cuadros falsos al mercado nos cargamos al pintor. Llevo 30 años desacreditando cuadros pintados al estilo de Julio Romero o meras copias de los mismos. Murió a los 55 años y su entierro fue una verdadera manifestación popular. Uno ve ahora las fotografías y se le ponen los pelos de punta. Muy pocos pintores llegan al pueblo.
-Esto ha hecho que este museo sea uno de los lugares más visitados de la ciudad desde que se inauguró en 1931. ¿Cómo se ha sobrellevado este tiempo de cierre por reformas?
-Muy mal. No han parado de llamar ni de aporrear la puerta. La apertura va a ser todo un acontecimiento.
-Los cordobeses estamos acostumbrados a convivir con estos cuadros, pero... ¿qué suponen para el que viene de fuera?
-El otro día vino una señora desde Canadá y la dejamos entrar. Se fue tremendamente agradecida. Es que vienen a Córdoba a ver a Romero de Torres. Diego Angulo en sus vistas a Córdoba me decía: "Qué lástima que no hubiera nacido en Sevilla".
-¿Qué nos dicen hoy estos cuadros?
-Es el mensaje de un gran pintor que ahora podemos ver mejor tras la limpieza y restauración de todos los lienzos. La obra de arte, a mi parecer, tiene que transmitir y él sigue transmitiendo emoción. Es un pintor como el cante que tanto amó: jondo.
-La fachada del museo se encontraba en un estado delicado. ¿Cómo ha sido la reforma?
-Ha sido uno de los grandes triunfos, porque llevábamos muchos años persiguiendo su restauración. En toda Europa hay un movimiento de recuperación de fachadas polícromas. Su recuperación es muy importante para esta ciudad, porque es de los escasos ejemplares que hay.
-¿Qué novedades tecnológicas va a tener el museo cuando abra sus puertas?
-Es ya un museo del siglo XXI. Somos pioneros en su adaptación para los discapacitados.